jueves, marzo 22, 2007

Cultura y Humanismo: Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial

De Radio Vaticano

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Miércoles, 21 mar (RV).- Considerando que la Carta de las Naciones Unidas está basada en los principios de la dignidad y la igualdad inherentes a todos los seres humanos y que todos los Estados Miembros se han comprometido a tomar medidas, conjunta o separadamente, en cooperación con la Organización, para realizar uno de los propósitos de las Naciones Unidas, que es el de promover y estimular el respeto universal y efectivo de los derechos humanos y de las libertades fundamentales de todos, sin distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión.

Considerando que la Declaración Universal de Derechos Humanos proclama que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y que toda persona tiene todos los derechos y libertades enunciados en la misma, sin distinción alguna, en particular por motivos de raza, color u origen nacional. Considerando que todos los hombres son iguales ante la ley y tienen derecho a igual protección de la ley contra toda discriminación y contra toda incitación a la discriminación, las Naciones Unidas proclamaron el 21 de marzo como Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.

Las Naciones Unidas, alarmadas por las manifestaciones de discriminación racial que todavía existen en algunas partes del mundo y por las políticas gubernamentales basadas en la superioridad o el odio racial, tales como las de apartheid, segregación o separación, y deseando poner en práctica los principios consagrados en la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial y con tal objeto asegurar que se adopten lo antes posible medidas prácticas, han acordado que en la expresión "discriminación racial" denotará toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.

En este sentido, el Pontificio Consejo Justicia y Paz explica que la contribución de la Iglesia católica es, ante los asesinatos, las maldades, la envidia, la soberbia y la insensatez que nacen en el corazón del hombre (cf. Mc 7, 21), realizar constantes llamadas a la conversión personal.

En efecto, es preciso ante todo dirigirse al corazón del hombre, porque es el primero que necesita purificarse para que no reinen en él ni el miedo ni el espíritu de dominio, sino la apertura a los demás, la fraternidad y la solidaridad. De ahí el papel fundamental de las religiones y, en particular, de la fe cristiana, que enseña la dignidad de todo ser humano y la unidad del género humano. Y, si la guerra o situaciones graves convirtieran a otros hombres en enemigos, el primer mandamiento cristiano, y el más radical, es precisamente el del amor al enemigo y responder al mal con el bien.

La petición de perdón afecta en primer lugar a la vida de los cristianos que forman parte de la Iglesia; sin embargo, "es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto" (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un congreso internacional sobre la Inquisición, 31 de octubre de 1998, n. 5: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de noviembre de 1998, p. 2).

El perdón, acto de amor gratuito, tiene sus exigencias: es necesario reconocer el mal que se ha realizado y, en la medida de las posibilidades, remediarlo. Por consiguiente, la primera exigencia es el respeto a la verdad. En efecto, la mentira, la deslealtad, la corrupción, la manipulación ideológica o política hacen imposible entablar relaciones sociales pacíficas. De ahí la importancia de procesos que permitan establecer la verdad, procesos necesarios pero delicados, pues la investigación de la verdad corre el peligro de transformarse en sed de venganza.
Éste es el mensaje con el que nos quedamos en esta celebración del Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.
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